China aumenta su presupuesto de Defensa e incomoda a los países con conflictos territoriales

Mapa conflictos territoriales de China

Madrid. China ha elevado su presupuesto de Defensa en un 10,1 por ciento para este año, 127.000 millones de euros, lo que supone el segundo mayor inversor mundial en defensa tras EEUU, que origina, al igual que años anteriores, una serie de recelos en Japón y otros países con los que Pekín tiene conflictos territoriales en el mar de China Oriental y en el mar de China Meridional.

Brunei, Filipinas, Malasia y Vietnam, sin olvidar a Taiwán, reclaman total o parcialmente su soberanía sobre las islas Spratly, mientras que Hanoi y Pekín se disputan el control de las Paracel (Paracelso), ambos archipiélagos asentados sobre reservas de petróleo y gas natural.

Pero el control de todos estos islotes, diminutos y casi deshabitados, rico en materias primas, cada vez tienen más aspirantes por adueñarse de estos rincones marítimos con vistas a ver quién se lleva parte del botín.

China estableció una nueva Área de Identificación de Defensa Aérea (ADIZ) en el mar de China Oriental, el 1 de diciembre de 2013, que no pasó desapercibida entre sus vecinos, incluso EEUU, su máximo competidor en la zona, consideró esta nueva estrategia como una forma de extender Pekín sus dominios marítimos.

La nueva ADIZ incluye a las disputadas islas Senkaku/Diaoyu, controladas por Tokio desde 1972 y cuya soberanía reclama Pekín, que supuso la protesta de Japón.

El problema surgió cuando estas islas, llamadas Senkaku por Japón y Diaoyu por China, se originó en septiembre de 2012 a raíz de que el gobierno nipón comprara a un particular japonés tres de los islotes por 20,7 millones de euros, lo que supuso fuertes protestas en varias ciudades chinas contra intereses japoneses en el “gigante asiático” que afectó al comercio bilateral entre los dos países. El archipiélago, formado por cinco islas deshabitadas y tres rocas, de apenas siete kilómetros cuadrados, podría albergar importantes reservas de hidrocarburos y de pesca.

Estados Unidos ha desarrollado una nueva estrategia de defensa para el siglo XXI, donde planea tener el 60 por ciento de su flota naval en el Pacífico para 2020, con nuevas inversiones y mayores capacidades, lo que también ha servido a China como argumento para “defender su territorio”, pero el objetivo de Washington radica en que no desea que el “gigante asiático” se convierta en el “amo” de la zona. Pekín desde hace tiempo critica el aumento de la presencia militar estadounidense en la región, pues no en vano Estados Unidos es el país con mayor presupuesto militar del mundo, sólo en 2013, invirtió cerca de 570.000 millones de euros, cinco veces más que China.

A todo esto se suma, Japón, que en enero pasado aprobó la mayor partida de su historia en defensa, unos 38.000 millones de euros, un 2,8 por ciento más y el tercer incremento consecutivo anual, destinado principalmente a nuevos cazas, aviones de reconocimiento, aeronaves de alerta temprana, drones de reconocimiento o vehículos anfibios.

Además, Japón utilizará este nuevo presupuesto para comprar terrenos en el archipiélago de Amami (sur del país) para desplegar personal de sus Fuerzas de Auto Defensa (Ejército) y para que comience a operar una unidad de vigilancia costera en Yonaguni, en la sureña prefectura de Okinawa.

En definitiva, un presupuesto de Defensa para reforzar la vigilancia del territorio, en especial de las citadas islas disputadas marcado todo por la pujanza territorial de China en la región, aunque Tokio lleva ya tiempo con querer ser cada más protagonista desde el punto de vista militar, en especial desde que Shinzo Abe es primer ministro y cuyo Ejecutivo aprobó el pasado año una reinterpretación de la Constitución pacifista nipona, creada tras la Segunda Guerra Mundial, para permitir a que sus Fuerzas de Auto Defensa puedan participar bajo determinadas circunstancias en acciones fuera de su territorio para auxiliar a aliados en peligro.

Lo que está claro que China sabe que sus reivindicaciones territoriales provocan una serie de críticas y protestas de los países afectados y sus socios, que están creando tensión con sus vecinos como Japón, Filipinas y Vietnam.

Filipinas ha protestado a China acusando a Pekín que quiere construir una pista de aterrizaje o una instalación militar en suelo ganado al mar en el arrecife Johnson South, que es reclamado por Manila, a unos 300 kilómetros al oeste de la isla filipina de Palawan.

Si la teoría filipinas es cierta, entonces sería la primera pista que construye Pekín en los ocho arrecifes e islas que controla en el archipiélago Spratly, ubicadas en el mar del Sur de China y que reivindican Malasia, Brunei, Taiwán y Vietnam, todas muy ricas en recursos naturales.

Pero pese a las ambiciones territoriales de China y pese a las protestas en Vietnam por las disputas de las islas Paracelso Paracel (Xisha para China) y (Hoang Sa, para Vietnam), el verdadero puzle marítimo, lleno de intereses económicos y de planificación de nuevas estrategias no contribuirán a una guerra, más bien a graves conatos que traerían inquietud y preocupación, cuando entre todos los países tienen muchos intereses económicos que perder ante un grave conflicto bélico, pero cada uno quiere defender su propia parcela.

Por su parte, el gobierno surcoreano pidió el pasado año a China que la nueva ADIZ debe modificar su nuevo trazado de defensa aérea ya que se oculta con la de Corea del Sur y cubre la isla sumergida de Leodo, bajo soberanía de Seúl, ya que el nuevo mapa de la ADIZ se adentra unos 3.000 kilómetros cuadrados en el espacio aéreo surcoreano, según fuentes oficiales surcoreanas.

La buena sintonía y las excelentes relaciones comerciales entre Pekín y Seúl no van a deteriorarse por esta “pequeña” interpretación de lo que es y será la ADIZ, y más cuando Corea del Sur y China coinciden cada vez más en la resolución del programa nuclear norcoreano.

Incluso el “gigante asiático” no tendría dudas en apoyar a Corea del Sur en su enfrentamiento con Japón por las disputadas islas de Dokdo (en coreano) y Takeshima (en japonés), gobernadas por Seúl,  pero reclamadas por Tokio, una situación algo embarazosa para Estados Unidos si tuviera que intervenir con su propia iniciativa cuando japoneses y surcoreanos son sus principales aliados en la zona. Lo que si es obvio que Japón además de sus disputadas islas Senkaku/Diaoyu con China, afronta otro contencioso con Corea del Sur por las disputas marítimas.

De hecho, Corea del Sur mantiene un pequeño destacamento policial en los islotes, controlándolos de forma efectiva y sostiene que rechaza las reivindicaciones territoriales niponas dado que al recuperar la independencia de la península coreana, colonizada por Japón entre 1910-45, la soberanía de todos sus territorios -incluido Dokdo y muchas otras islas, pasaron a control de Corea.

Disputa por las islas Dokdo/Takeshima

Pero incluso pese a los altibajos y escaramuzas por los asuntos de disputas territoriales, está lejos una nueva “guerra fría” en el Pacífico ya que predominan los intereses de los tres países, pues sólo los PIB de China, Japón y Corea del Sur totalizaron en 2012 hasta 15 billones de dólares, lo que supuso el 20 por ciento de total mundial registrado y un 70 por ciento del de Asia. Incluso, a finales de marzo estos tres países se reunirán para discutir los preparativos de la reunión de cancilleres.

China cada vez es más importante a nivel mundial, su propio ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi, ha asegurado que el “gigante asiático” quiere potenciar su presencia internacional a lo largo de 2015, incrementar su cooperación con Rusia  y al mismo tiempo buscar un acomodo con EEUU, pero el canciller chino matiza que China no busca crear un nuevo orden mundial.

Santiago Castillo, periodista, escritor, director de Asianortheast y experto en la zona

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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1 respuesta

  1. 27 julio, 2015

    […] bajo administración japonesa, pero que las reclama Pekín, y con Seúl por la islas Dokdo/Takesima, controladas de facto por los surcoreanos y reclamadas por […]

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