Caminos de Oriente y de Occidente: la vía dual hispano-japonesa

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Madrid. Lo de vía nos suena a tren. Lo de dual a dos direcciones. Ni una ni otras. Eso sí, vía como la Láctea, indicadora, y dual de dos-algos- también, pero esta vez dos países caminando. Caminos que tienen que recorrer necesariamente hoy España y Japón por el mundo actual. Los caminos de la irremediable  internacionalización. Algo que dos países, casi antípodas geográfica y temperamentalmente, necesitan a cursillos de urgencia. España y Japón tienen que internacionalizarse para sobrevivir, y además se lo están exigiendo las demás naciones por muchas razones, no siendo la menor su posición geoestratégica.

 Bastantes caminos globales llevan ya recorridos por Oriente y Occidente España y Japón. Cada uno por su cuenta. Pero les falta aún un grado poco pensado de especialización para internacionalizarse completamente y conseguir todos los beneficios, como personas y como nación, de los países por los que transitan. Ni Japón se ha internacionalizado captando las esencias  completas de lo occidental, ni España penetrando en lo oriental. Cada vez parece ser más necesario ese conocimiento de las  culturas ajenas hasta ahora miradas por encima para salir del paso: la oriental para unos y la occidental en toda su riqueza sajono-latina. Con palabras provocativas y escandalosas para muchos, pero ineludibles: falta completar su occidentalización a unos y la verdadera asiatización a otros. Para no seguir siendo monos de imitación titirite-ando por esos países. Una mayor inmersión en su cultura se impone. Japón conoce más o menos una cultura Occidental parcial, básicamente en su materialización sajona americana. España sabe algo de una cultura Oriental mítico exótica desconectada de sus avances tecnológicos actuales. La primera sin el ingrediente latino, y la segunda sin raíces en su verdadero ser histórico.

Con los nuevos bloques de poder económico y cultural en plena efervescencia entre Oriente y Occidente el peregrinaje en compañía se impone. Tener compañero japonés por Oriente y compañero español por Occidente. Cada uno sabedor de los vericuetos, atajos y destajos de su país como del trasfondo más completo posible que mueve a sus habitantes.

Tuvimos un romance allá por el siglo XVI en el que España y Japón se conocieron en un sueño de miel. España acababa de abrazar el mundo con sus Galeones cuando Urdaneta, ese genial monje navegador, vence a los traidores vientos alisios y logra llegar por el Norte desde las Islas Filipinas hasta Acapulco con el Galeón de Manila. Luego ya era fácil transportar por tierra a Veracuz las sedas, marfiles y especias de Oriente, para que la Flota de Indias las llevase hasta la sevillana Torre del Oro. España acababa de circunvalar el mundo con su más poderosa flota del tiempo. Y por una nueva ruta más segura que la del Sur con aquel terrible estrecho de Malaca plagado de piratas, y después el Cabo de Buena Esperanza, ogro de los naufragios.

Ese Galeón de Manila hacia Acapulco pasaba muy  cerca de Japón. Al ir, qué seguridad para los españoles si pudiesen fondear por cualquier puerto de Edo, el actual Tokio, reponer viandas, reparar tormentazos, protegerse de piratas chinos…Ni que decir lo que soñaban a su vez los todopoderosos Shoogunes japoneses con el Galeón de vuelta. Porque ese mismo Galeón hacía más tarde su “torna viaje” trayendo de Nueva España (después México) novedades curiosas y, sobre todo, plata. Tan deseada por Japón. Negocio redondo para todos. El sueño de una primavera de globalización comercial sin precedentes. Dos amigos en perfecta posición geoestratégica, dominando los dos extremos del globo y protegiéndose interesadamente.

Aquello terminó en cruel divorcio por intrigas, sospechas, resquemores, incomprensiones, y especialmente por una falta de conocimiento mutuo hispano japonés al noventa por ciento. Peor aún, por la visión distorsionada que cada uno tenía del otro al mirarle reflejándole en el espejo de sus aguas culturales propias. Imposible entenderse con los parámetros de su civilización, se les rompían todos sus patrones de entendimiento. Ni siquiera para  comerciar o aliarse había entendimiento. No lograron ni acercarse. Se vieron demasiado extraños y los recelos de poder enturbiaron todas las relaciones.

Japón sabía de países del sol naciente y España de los del sol poniente.

¿Unirse para caminar juntos por esos nuevos mundos guiando a sus tiempos el uno al otro por los terrenos, o mares, conocidos de Oriente  y Occidente respectivamente? Quizás fue soñar demasiado, o que les faltó la asignatura aún hoy día pendiente.

Tenían que haberse acercado más, sencillamente aliarse para internacionalizarse y  recorrer los países conocidos por el otro con su brújula cultural, no con la suya. Ninguno de los dos se acercó suficientemente. Fallida la primera internacionalización. Ni los españoles entendieron Japón, ni los japoneses España. Y esas eran las dos primeras puertas para salir después  a sus mundos deseados.

¿Estamos aún a tiempo en el XXI?

España y Japón han seguido atrayéndose siempre a pesar de los fracasos. Hasta hoy, ¿quién no desea viajar a Japón a pesar de sus muros de idioma, costumbres y mentalidad oculta? ¿O volver a él si ya lo conoce?

Y viceversa, porque  España es también la mujer fatal para Japón.

La puerta de Oriente es Japón. Ningún otro país sigue siendo tan netamente oriental y a la vez tan inclinado hacia Occidente como Japón. Es un microcosmo de cultura Oriental ya adaptada para nuestro mejor entendimiento. Nos muestran cómo hacer reverencias a la vez que chocan nuestras manos transmitiéndonos su conocimiento de Oriente. El que entre en Japón sabrá caminar por Asia. El japonés será su mejor guía.

¿Y la puerta del Occidente latino? ¿Quién más Iberoamericano que el español? España es, en buena parte, otro microcosmo, o alma mater de ese Occidente.

Guías mentales o incluso materiales el uno para el otro. ¿Asiatizarse, Occidentalizarse? Todo lo que se pueda. A base de caminar juntos, no de imitaciones simiescas. Esa es la Vía Dual. La vía de la cercanía. Y ejemplos ya vividos de ese andar en común empresarial, artística, profesional e incluso individualmente ya los tenemos. Es verdad que conocemos poco de estas nuestras historias en común, incluso recientes.

Hay que superar siglos de incomprensión mutua, de mitos, de extrañezas, de miedos y prejuicios que separan a los dos peregrinos. El cómo entenderse, cómo tratarse, cómo colaborar, cómo hacerse amigos los dos viandantes es el objetivo a conseguir. Acercar a los dos caminantes no solo desnudando esos mitos, aclarando malentendidos o contestando a tantos porqués inquietantes que les sorprenderán sin duda en su vía, sino también descubriendo parecidos, contándose sus historias tan paralelas, sorprendiéndose de tantas afinidades insospechadas…Todo lo que les acerca.

Y de todo esto trata la Vía Dual: España Japón

Pedro Gallo

Pedro Gallo

Sociólogo y empresario especialista en relaciones hispano japonesas, con más de 14 años viviendo en Japón

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2 de Respuestas

  1. Paco Lobo dice:

    La curiosidad fue la vía, que el afortunado día que conocí Japón, me permitió intuir la necesaria existencia de la comunicación en dos direcciones.
    Años más tarde gracias a tu libro “Japón-España: La vía dual”, he entendido mejor lo que sentí entonces.
    Gracias por recordárnoslo a quienes amamos ambas culturas

  2. miguel ángel botija beltrán dice:

    Se lo paso a Elena, que ya inició el acercamiento, con cierto éxito. Un abrazo!

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