Abe desea que Pearl Harbor se convierta en el “símbolo de la reconciliación” entre EEUU y Japón

Madrid. La visita del primer ministro japonés Shinzo Abe a Pearl Harbor esta semana ha acaparado, naturalmente, una gran atención mediática a nivel internacional, si bien las ceremonias han transcurrido con el tono conciliador esperado, la habitual promesa de no repetir los horrores de la guerra y la –también previsible– omisión de disculpas por el ataque sorpresa que acabó con la vida de cerca de 2.400 militares estadounidenses aquella mañana del 7 de diciembre de 1941.

La ocasión también ha servido para que hayan salido a la luz las discretas visitas a Hawai en la década de 1950 de al menos tres predecesores de Abe, entre ellos la de su propio abuelo, Nobusuke Kishi. En su momento, los viajes pasaron desapercibidos tanto para el público japonés como para el estadounidense, ya que sus dirigentes temían que sólo sirvieran para empeorar las todavía abiertas heridas de la guerra.

El reciente movimiento de Abe ha venido acompañado de diversas interpretaciones sobre su auténtico propósito: un gesto de cortesía para corresponder la primera visita de un presidente estadounidense, Barack Obama, a Hiroshima en mayo de este año; la intención de afrontar con naturalidad un episodio bélico ocurrido 75 años atrás entre dos potencias rivales; o una muestra de fortaleza de la alianza Tokio-Washington de cara a una China cada vez más asertiva en el Pacífico, así como frente al inminente (e impredecible) mandato presidencial de Donald Trump.

La visita también ha generado cierto debate interno en Japón, donde algunos políticos conservadores han querido insistir en todo momento en que Abe no debía disculparse y que, en parte, fue la presión estadounidense en la década de 1930 la que empujó entonces al país nipón a la guerra. Sectores más pacifistas han criticado las contradicciones del Primer Ministro nipón, a quien acusan de asegurar por un lado Japón no repetirá su pasado militar, mientras que, por el otro, maniobra de forma calculadora para reformar la constitución y dotar a las Fuerzas de Autodefensa de un papel más activo, sobre todo en el plano internacional.  Incluso se ha llegado a sugerir que estos gestos conciliadores deberían extenderse más allá de un aliado como Estados Unidos y tenderse también a las naciones vecinas, por ejemplo con visitas a otros escenarios icónicos del militarismo japonés, tales como Nanjing o Seúl.

Lo cierto es que, horas después de las condolencias ofrecidas por Abe frente a los restos del buque USS Arizona, su Ministro para la Reconstrucción, Masahiro Imamura, realizaba en Tokio una ofrenda en el controvertido Santuario Yasukuni. A pesar de que Imamura calificase las fechas de “mera coincidencia”, su primera visita al lugar como miembro del gobierno japonés la realizó el pasado 11 de agosto, cuatro días antes del aniversario de la rendición de Japón en 1945.

Desde diciembre de 2013, Shinzo Abe no ha regresado al santuario y, en su defecto, envía ofrendas en ocasiones señaladas, en lo que algunos califican como un reflejo de su pragmatismo político para no aumentar las tensiones con los países vecinos, los cuales consideran una ofensa cualquier tributo a un lugar que honra a los caídos por Japón, entre ellos 14 criminales de guerra de Clase A (aquellos condenados por la planificación, preparación, puesta en marcha y ejecución de una guerra de agresión).

María Cuiñas

María Cuiñas

Investigadora y analista de política internacional. @maria_cuinas

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2 Respuestas

  1. pedro dice:

    Clarísima descripción de los hechos. Como analista ¿podríamos pedirle algún comentario mas sobre la repercusión internacional de los hechos? Especialmente en Asia.

    • Asianortheast.com dice:

      Nos alegra que te haya gustado nuestro análisis, obviamente tratamos de enfocar las cosas de forma distinta pero con argumentos sólidos. Por supuesto que aquellos hechos están superados, fueron unos momentos en los que los dirigentes japoneses de aquella época no midieron las consecuencias de lo que hicieron, pero la repercusión que tuvo en el panorama internacional fue muy alta y Japón pago un alto precio en toda Asia. Unos hechos que difícilmente se volverán a repetir, pese a que en ocasiones el polémico santuario Yasukuni, vinculado al pasado militarista del país, es visitado por autoridades niponas que originan las protestas de China y Corea e incluso de EEUU. Seguiremos analizando todos los avatares de la zona y más ahora con Donald Trump en la Presidencia de EEUU.

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